Resultados, no horas
No mido el trabajo en horas sentado delante de una pantalla. Lo mido en problemas resueltos. Una tarde que soluciona algo de verdad vale más que una semana de presencia.
IA + codigo + estrategia
Tengo 17 años y me dedico a resolver problemas complejos usando Inteligencia Artificial y código. Actualmente dirijo Viron Global Solutions y formo a profesionales como docente de máster. Aquí documento lo que aprendo, lo que construyo y los errores que cometo en el camino.
Aprendí a escribir código antes que a encajar. Resultó que esa forma distinta de pensar nunca fue el problema: era el motor.
Esta es la historia completaEl modelo que defiendo, y por qué.
No mido el trabajo en horas sentado delante de una pantalla. Lo mido en problemas resueltos. Una tarde que soluciona algo de verdad vale más que una semana de presencia.
Detrás de cada entrega hay alguien con una vida, un mal día y un límite. Un equipo quemado no entrega mejor: entrega menos y peor. Cuidar a la gente no es la parte blanda del negocio, es el negocio.
Si algo no se puede hacer en el plazo que me piden, lo digo el primer día. Prefiero perder un proyecto que entregar una mentira con retraso.
Cuento lo que aprendo y también lo que rompo. Lo segundo es lo que de verdad le sirve a alguien que está empezando.
Fundar una empresa siendo menor.
Monté mi empresa a los dieciséis. La parte difícil no fue el código, ni encontrar clientes: fue todo lo demás.
Ser menor emancipado significa que legalmente puedes, pero que casi nadie a tu alrededor está preparado para tratarte como lo que eres. Fui a varios bancos con el proyecto debajo del brazo y la conversación terminaba siempre en el mismo punto: vuelve cuando tengas dieciocho.
CaixaBank fue el único que no me cerró la puerta. Alguien decidió mirar el proyecto en vez de mi fecha de nacimiento. Esa decisión es la razón de que hoy exista Viron.
Lo cuento porque si estás en esa situación conviene que sepas dos cosas: que te van a decir que no muchas veces, y que basta con que alguien te diga que sí.
Te van a decir que no muchas veces. Basta con que alguien te diga que sí.
La familia y el entorno.
Puedes tener la idea, el código y la disciplina, y aun así hundirte si vuelves a una casa donde nadie te pregunta cómo estás.
Mi familia y la gente que tengo cerca no escriben una sola línea de código, pero sostienen todo lo demás. El entorno no es un accesorio de la historia: es la infraestructura sobre la que se construye todo lo que viene después.
Si estás empezando, cuida eso antes que la facturación. Es lo único que no se recupera con una buena racha.
Ideas, aprendizajes y lo que no salio como esperaba.
El libro está en camino.
A los dieciséis firmé la constitución de mi empresa por la mañana. Esa misma noche no conseguí dormir.
Por fuera la historia se cuenta sola: un adolescente monta una empresa, da clases en un máster y negocia con clientes que le doblan la edad. Por dentro hay insomnio, una casa que se está rompiendo y la sensación muy concreta de estar solo en una habitación llena de logros.
Este libro es esa segunda parte. La que no cabe en una biografía de dos líneas.
No vas a encontrar tres pasos ni una fórmula. Vas a encontrar una cabeza capaz de sostener una concentración inhumana que no sabía apagarla, y una factura que llegó tarde y entera. Y lo que tardé demasiado en entender: que un coche de carreras vacío no gana la única carrera que importa.