Lo que me costó el éxito a los diecisiete
La parte que no sale en LinkedIn: el insomnio, el aislamiento y la factura que nadie te pasa por adelantado.
Por fuera la historia queda muy bien. Adolescente monta empresa, da clases en un máster, gestiona clientes. Es una buena frase para una bio.
Por dentro, durante bastante tiempo, dormía cuatro horas y me despertaba pensando en un servidor.
Escribo esto porque cuando alguien joven me dice que quiere emprender, casi siempre me pregunta por lo que se gana. Casi nunca por lo que se paga. Y se paga.
Concentrarte tanto tiene dos caras
Cuando algo me interesa de verdad, puedo sostener una concentración que a mucha gente le parece exagerada. Es mi mayor ventaja profesional. Literalmente es la razón de que haya podido hacer a los quince cosas que se supone que llegan a los treinta.
Pero esa concentración no distingue entre lo que te conviene y lo que no.
La misma capacidad que me permitía resolver una arquitectura entera en un fin de semana me permitía ignorar que llevaba tres días sin hablar con nadie. No es disciplina. Es una lupa que se queda fija donde la pongas, y si la pones en el trabajo durante meses, el resto de tu vida se queda fuera del encuadre sin que te des cuenta.
Nadie te avisa de la factura
Lo que nadie te cuenta del ascenso rápido es que la factura no llega el día que te esfuerzas de más. Llega meses después, de golpe, cuando ya no puedes atribuirlo a una mala semana.
En mi caso llegó como insomnio crónico y como una sensación bastante concreta de estar solo en una habitación llena de logros.
Y lo peor es que durante mucho tiempo lo llevé como una medalla. Hay toda una cultura que te aplaude por eso, que confunde destruirte con comprometerte. Si duermes poco es que le estás metiendo. Si no tienes vida es que estás enfocado.
Es mentira, y es una mentira cara.
Lo que cambiaría si volviera atrás
No cambiaría haber empezado pronto. Volvería a hacerlo.
Cambiaría haber creído que el coste era temporal. Pensaba que era un sprint, que se aguantaba un año y luego ya se arreglaba. No se arregla solo. Lo que dejas de cuidar no te espera.
Cambiaría no haber pedido ayuda antes, porque tardé demasiado en entender que pedirla no contradecía nada de lo que estaba construyendo.
Y cambiaría la forma de medir. Durante años medí el día por las horas que había aguantado. Ahora lo mido por lo que he resuelto y por cómo he llegado a la noche. Son dos formas muy distintas de vivir, y solo una de las dos se sostiene.
Si estás en esa fase ahora mismo
Que el proyecto vaya bien no significa que tú vayas bien. Son dos cosas separadas y conviene revisarlas por separado.
Un coche de carreras vacío no gana ninguna carrera que importe. Tardé bastante en entenderlo, y es básicamente de lo que trata el libro que estoy escribiendo.
Si esto te suena, no esperes a que te llegue la factura para mirarlo.