Aprender a perder bien
Los noes, los proyectos abandonados y los clientes que se fueron. Sobre por qué esconder los fracasos deja fuera la parte más útil de la historia.
Si entras en mi GitHub vas a encontrar repositorios abandonados y cosas marcadas como obsoletas. Están ahí a propósito.
Podría borrarlos. Quedaría más limpio y daría una imagen mejor. Pero entonces cualquiera que pase por ahí vería solo la parte que funcionó, y esa es exactamente la parte que no enseña nada.
El problema de las historias contadas hacia atrás
Todas las historias de emprendimiento se cuentan al revés.
Se cuentan desde el final, cuando ya sabes qué decisión fue la buena, y por eso siempre suenan inevitables. El fundador narra cómo vio la oportunidad, apostó y acertó. Desaparecen los seis meses de dudas, los dos proyectos que no salieron y la noche en la que estuvo a punto de dejarlo.
Cuando tienes quince años y solo escuchas esas versiones, sacas una conclusión bastante razonable y bastante falsa: que a los que valen les sale bien casi siempre.
Luego te toca a ti, te sale mal tres veces seguidas, y en vez de pensar “esto es así” piensas “entonces yo no valgo”.
Perder no es lo contrario de avanzar
A mí me dijeron que no en varios bancos antes de que uno me dijera que sí. He tenido proyectos que se murieron sin que nadie los usara. He cobrado mal, he calculado plazos fatal y he entregado cosas de las que no me siento orgulloso.
Ninguna de esas veces sentí que estuviera aprendiendo. Se siente como perder, sin más.
La diferencia la vi con el tiempo: perder bien es perder y quedarte con la información. Perder mal es perder y quedarte solo con la vergüenza, que es lo que hace que la próxima vez arriesgues menos.
Lo que separa a la gente que sigue de la que lo deja no suele ser cuántas veces le salió mal. Es cuántas veces consiguió que salir mal no le cambiara la puntería.
Cómo lo llevo yo
Tres cosas que me funcionan, y que no son gran cosa pero son reales.
Lo publico. Si algo no funcionó, lo digo. No por transparencia moral, sino porque obliga a mirarlo de frente en vez de archivarlo rápido para no pensar en ello.
Separo el resultado de la decisión. A veces decides bien y sale mal igualmente. Si solo evalúas por resultado, aprendes supersticiones en lugar de criterio.
Pongo fecha de revisión, no de entierro. Un proyecto parado no es un proyecto fallido. Casi todo lo que hago ahora tiene piezas de cosas que en su momento parecieron un callejón sin salida.
Lo que le diría a alguien que acaba de comerse un no
Que un no es información sobre una puerta concreta, no sobre ti.
Yo estuve a punto de leer aquellos noes de los bancos como un veredicto sobre si merecía estar ahí. No lo eran. Eran seis personas distintas aplicando un procedimiento que no contemplaba mi caso.
Sigue llamando a puertas. Basta con que una se abra.